Las imágenes suelen ocupar un lugar importante entre las noticias: rescatistas intentando salvar a ballenas varadas en playas tan diferentes como las de Australia, España o los Estados Unidos. Adolescentes bellas sumidas en las puertas de la muerte por una enfermedad psicosocial cada vez más frecuente como la anorexia. Quizás, a simple vista, no existan relaciones entre los enormes cuerpos de los cetáceos y los débiles de las mujeres enfermas. Sin embargo, buceando en las razones profundas de uno y otro fenómeno pueden encontrarse ciertas similitudes, que van más allá de la muerte, y que hablan directamente de trastornos causados por el sistema de consumo sociocultural de la era pos industrial.
Las noticias dicen que los intentos colectivos de suicidios no distinguen entre tipos de ballenas. Un centenar de ballenas francas varadas en una playa a 230 kilómetros de Perth, en Australia. Dos grupos de ballenas piloto al sur de La Florida, en Estados Unidos. Ochenta piloto rescatadas y otras tantas muertas en Stewart Island, Nueva Zelanda. Otras 120 varadas en Isla Norte, en el mismo país del sur. Se cuentan por cientos en los últimos cinco años.
Durante 2006 18 ballenas francas y una ballena jorobada encallaron en la Península Valdés, provincia de Chubut, según el Programa de Monitoreo Sanitario de la Ballena Franca Austral, del Instituto de Conservación de ballenas y otras organizaciones no gubernamentales.
Entre 150 y 300 ballenas y delfines encallan en las costas de Almería y Málaga, en España, cada año, de las cuales sólo el 1 por ciento logra sobrevivir, según las cifras de WWF/Adena.
Según un equipo científico de la Universidad de Canarias, que estudió los cadáveres de cuatro ballenas zifio, la causa de las muertes de las ballenas se debería a las emisiones sonoras que salen de los radares de embarcaciones militares, diseñados para detectar elementos submarinos. Las cuatro ballenas tenían sus oídos reventados.
Científicos españoles encontraron ballenas con anomalías similares en Canarias durante 2002. En ese momento realizaban en la zona maniobras conjuntas de maniobras de la OTAN. Lo mismo pasó en Bahamas en 2000.
Los radares más sofisticados emiten señales en baja frecuencia de una intensidad de hasta 240 decibeles hasta 480 kilómetros de distancia. La intensidad sonora casi supera tres veces lo que podría soportar un oído humano.
Otros grupos científicos sostienen que tal polución sonora en lo profundo del mar hace que las ballenas huyan despavoridas, subiendo rápidamente desde la profundidad. Y el cambio abrupto de presión, similar al que sufren los buzos luego descensos importantes, les provoca la formación de burbujas en el torrente sanguíneo. Y la muerte segura. Las ballenas llegan a las playas buscando silencio.
El 7 de julio pasado un juez de California le ordenó a la marina estadounidense detener temporalmente el uso de este tipo de radares militares en el Océano Pacífico. Organizaciones No Gubernamentales realizaron recientemente campañas para que la Unión Europea suspenda el uso de este tipo de radares. Mientras tanto, muchas ballenas prefieren dejar de nadar y morir en playas ruidosas, ya que el verdadero ruido está en lo profundo del silencioso mar.
Las noticias dicen que los intentos colectivos de suicidios no distinguen entre tipos de ballenas. Un centenar de ballenas francas varadas en una playa a 230 kilómetros de Perth, en Australia. Dos grupos de ballenas piloto al sur de La Florida, en Estados Unidos. Ochenta piloto rescatadas y otras tantas muertas en Stewart Island, Nueva Zelanda. Otras 120 varadas en Isla Norte, en el mismo país del sur. Se cuentan por cientos en los últimos cinco años.
Durante 2006 18 ballenas francas y una ballena jorobada encallaron en la Península Valdés, provincia de Chubut, según el Programa de Monitoreo Sanitario de la Ballena Franca Austral, del Instituto de Conservación de ballenas y otras organizaciones no gubernamentales.
Entre 150 y 300 ballenas y delfines encallan en las costas de Almería y Málaga, en España, cada año, de las cuales sólo el 1 por ciento logra sobrevivir, según las cifras de WWF/Adena.
Según un equipo científico de la Universidad de Canarias, que estudió los cadáveres de cuatro ballenas zifio, la causa de las muertes de las ballenas se debería a las emisiones sonoras que salen de los radares de embarcaciones militares, diseñados para detectar elementos submarinos. Las cuatro ballenas tenían sus oídos reventados.
Científicos españoles encontraron ballenas con anomalías similares en Canarias durante 2002. En ese momento realizaban en la zona maniobras conjuntas de maniobras de la OTAN. Lo mismo pasó en Bahamas en 2000.
Los radares más sofisticados emiten señales en baja frecuencia de una intensidad de hasta 240 decibeles hasta 480 kilómetros de distancia. La intensidad sonora casi supera tres veces lo que podría soportar un oído humano.
Otros grupos científicos sostienen que tal polución sonora en lo profundo del mar hace que las ballenas huyan despavoridas, subiendo rápidamente desde la profundidad. Y el cambio abrupto de presión, similar al que sufren los buzos luego descensos importantes, les provoca la formación de burbujas en el torrente sanguíneo. Y la muerte segura. Las ballenas llegan a las playas buscando silencio.
El 7 de julio pasado un juez de California le ordenó a la marina estadounidense detener temporalmente el uso de este tipo de radares militares en el Océano Pacífico. Organizaciones No Gubernamentales realizaron recientemente campañas para que la Unión Europea suspenda el uso de este tipo de radares. Mientras tanto, muchas ballenas prefieren dejar de nadar y morir en playas ruidosas, ya que el verdadero ruido está en lo profundo del silencioso mar.
Otras muertes silenciosas
Mientras tanto, en la soledad de los cuartos de los cuatro puntos del globo, el 1 por ciento de las adolescentes mujeres, sufre de anorexia. Esta enfermedad en algunos casos conduce a la muerte por inanición. Las jóvenes se niegan a comer, como las ballenas a nadar. Pero como a muchos televidentes anestesiados, la muerte de un animal parece conmoverles más que las silenciosas muertes de los seres humanos, los casos no aparecen sino hasta que se cierran los ojos de una bella princesa de la moda, como en el caso de la modelo brasileña Ana Carolina Reston.
Durante siglos, el modelo de belleza femenina, enraizado en las diferentes culturas, tenía que ver con cuerpos vigorosos y hasta lo que hoy se considerarían gordos. Sucede, que mientras las hambrunas hacían mella en las poblaciones a lo largo y ancho del globo, la voluptuosidad era propia de los reyes y poderosos que podían comer todos los días. Cuando el capitalismo logró que la comida se extendiera en forma sistemática en la mayoría de la población los patrones de belleza comenzaron a cambiar, sobre todo ayudados por el cine y la televisión.
Hoy, estudios realizados en los países desarrollados revelan que al 80 por ciento de las adolescentes les preocupa su imagen corporal. Sin embargo, la anorexia ofrece líneas más complejas. Según el Ministerio de Salud de España, que tomó medidas importantes para frenar el avance de la enfermedad, ésta se presenta en personas con trastornos afectivos, depresión y conductas asertivas. Con las relaciones sociales puestas en crisis, por un sistema social exclusivamente diseñado para la producción y el consumo, no es casual que los casos sigan aumentando.
Según un estudio de Tschirhart y Donovan, la base de la anorexia nerviosa radica en un nivel insuficiente de autoestima. Sin embargo, quienes la padecen suelen ser alumnas ejemplares, excelentes deportistas; independientes y maduras. Lo que se dice la chica ejemplar.
Un estudio realizado en la Universidad de Valencia indica que el 83 por ciento de las adolescentes sin antecedentes de patologías psicológicas sobrestimó su imagen personal. Es decir, la mayoría se vio más obesa de lo que realmente era. La pauta cultural incidió notablemente en la percepción de su propio cuerpo.
Al parecer, en el patrón de consumo impuesto por el capitalismo post industrial, no sólo se internalizan y acicatean deseos de consumo, bajo la promesa de la vida ideal, la pertenencia grupal o la felicidad, sino que además el modelo de belleza utilizado llega a modificar incluso conductas tan personales como las de la alimentación.
Durante siglos, el modelo de belleza femenina, enraizado en las diferentes culturas, tenía que ver con cuerpos vigorosos y hasta lo que hoy se considerarían gordos. Sucede, que mientras las hambrunas hacían mella en las poblaciones a lo largo y ancho del globo, la voluptuosidad era propia de los reyes y poderosos que podían comer todos los días. Cuando el capitalismo logró que la comida se extendiera en forma sistemática en la mayoría de la población los patrones de belleza comenzaron a cambiar, sobre todo ayudados por el cine y la televisión.
Hoy, estudios realizados en los países desarrollados revelan que al 80 por ciento de las adolescentes les preocupa su imagen corporal. Sin embargo, la anorexia ofrece líneas más complejas. Según el Ministerio de Salud de España, que tomó medidas importantes para frenar el avance de la enfermedad, ésta se presenta en personas con trastornos afectivos, depresión y conductas asertivas. Con las relaciones sociales puestas en crisis, por un sistema social exclusivamente diseñado para la producción y el consumo, no es casual que los casos sigan aumentando.
Según un estudio de Tschirhart y Donovan, la base de la anorexia nerviosa radica en un nivel insuficiente de autoestima. Sin embargo, quienes la padecen suelen ser alumnas ejemplares, excelentes deportistas; independientes y maduras. Lo que se dice la chica ejemplar.
Un estudio realizado en la Universidad de Valencia indica que el 83 por ciento de las adolescentes sin antecedentes de patologías psicológicas sobrestimó su imagen personal. Es decir, la mayoría se vio más obesa de lo que realmente era. La pauta cultural incidió notablemente en la percepción de su propio cuerpo.
Al parecer, en el patrón de consumo impuesto por el capitalismo post industrial, no sólo se internalizan y acicatean deseos de consumo, bajo la promesa de la vida ideal, la pertenencia grupal o la felicidad, sino que además el modelo de belleza utilizado llega a modificar incluso conductas tan personales como las de la alimentación.
Varados sin playas
Ese modelo es el que intentan imponer las tropas norteamericanas que intervienen por la fuerza la vida de distintos pueblos a lo largo y ancho del globo. Primero llegan las fuerzas de elite, después los ejércitos y más tarde los ejecutivos de las empresas. Tal como sucede en la actualidad en Irak, con un completo desdén por las formas culturales ajenas.
El reciente informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas reunidos en París fue terminante: el cambio climático se produce por las emisiones de gases provenientes de la combustión de petróleo y pidió medidas urgentes a los líderes del mundo.
George W. Bush, que nunca ocultó sus vínculos económicos con la Exxon Mobil, envió casi simultáneamente un presupuesto de 700.000 millones de dólares de gasto militar para el próximo año. El hombrecito busca asegurar las reservas de petróleo para las compañías norteamericanas, que a su vez fortalezcan la irracionalidad del sistema productivo actual y que ponen en riesgo al ser humano como especie. Muy a pesar de que en la publicidad aparezcan niñas flacas ofreciendo paraísos cada vez más artificiales.
Existe un cuestionamiento directo de los expertos en cambio climático sobre la irracionalidad del uso de recursos del sistema productivo globalizado. Prueba de ello es que con el presupuesto de guerra norteamericano podrían desarrollarse fuentes de energía limpias en unos 20 años. Todos los países desarrollados invertirán apenas el 5 por ciento de ese valor en un proyecto de desarrollo que dará sus frutos recién en 2050.
De nada importará para entonces que Estados Unidos invierta el próximo año 140 mil de dólares para el desarrollo de nuevas armas. La peor arma es la ceguera. Sólo serán un recuerdo los potentes radares que llevan a las ballenas a morir en las costas escapando del ruido. Menos aún todas las adolescentes muertas intentando encontrar en si mismas la belleza Marilyn Monroe multiplicadas por Andy Warhol. No tendremos playas a donde escapar del ruido, del smog. Pero, quizás si Jenna o Bábara Bush no se vuelven estériles comiendo manteca de maní genéticamente modificado, el mundo para 2050 será gobernado por el nieto de George W., desde su bunker de Texas. En una pileta tendrá la única ballena que quede sobre el globo. Y un equipo de médicos y psicólogos intentará revertir su anorexia crónica. Pero seguirá buscando seres humanos para someter, aunque ya no queden más que unos cientos a lo largo y ancho de lo que será su planeta.
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