Lo cierto es que la orilla del río se lleva los recuerdos del mañana. Como sueños hojas secas, que parten arriando hacia ningún lugar imágenes muertas. La quietud del río hace como si nada pasara. Solo algunos rayos de sol anuncian el tiempo, quebrándose en ángulos diversos sobre el agua marrón. Quieta. Me pregunto entonces cómo será morir en otras orillas, adonde la sangre no corre y el frío hiela las venas, justo cuando enero parece traerle nuevas fuerzas a los árboles, a los que oigo fabricar lentamente la madera que otros, sin caer en la cuenta del río y sus orillas, vendrán a cortar. Porque sí. Porque nada parece tener justificación en esta tierra. Solo la vida misma que va, muy por afuera de mí, que apenas siento moverme.
viernes 18 de enero de 2008
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